Por: Jaime Contreras

Abstraigámonos de los balances. Dejemos de lado los fríos números. Obviemos por un momento los activos y pasivos e intentemos darle a ciertos elementos un tanto intangibles el “real valor” que tienen. Volvamos a hacer el ejercicio de mirar esta actividad que tanto amamos de una manera un tanto romántica, fuera del “negocio”.

Se fue Esteban Paredes. Blanco y Negro en una movida en que al parecer el señor Leonidas Vial llevaba la voz cantante. Y se fue de una manera ridícula. Si nos regimos por las informaciones que han salido en la prensa estas últimas semanas, la diferencia que hubo entre la postura de nuestro capitán y la de la concesionaria serían de cien mil dólares. Poco más de cincuenta millones de pesos.

Cincuenta millones de pesos para uno es un monto inalcanzable, para muchos hinchas colocolinos, que son parte del pueblo, de esa gente noble que se levanta al despuntar el alba y se duerme cuando el sol ya se ha puesto, es una cifra que cuesta una vida. Para la gente que domina Colo Colo es el vuelto del pan. Una tienda de un mall, un par de sueldos en algún directorio. Pero la pugna de poder que se vislumbra en el directorio de la concesionaria va más allá de eso: es un “yo quiero” versus un “yo no”. Y ¿quién pierde? Pierde el mismo hincha, ese que hablábamos antes. El que tiene una vida compleja, pero que al ver al popular cada fin de semana, incluso jugando mal, olvida sus problemas.

Y ¿qué le podemos dar a ese hincha? Identificación, sentirse parte, sentir que tiene voz, sentir que el equipo le puede dar alegría. Una de esas maneras, una de las formas de sentirse identificado es el referente. El ídolo. Ése que no se “compra”, sino que se va forjando a punta de esfuerzo, a punta de talento y de dejar todo en la cancha. Es el que hace que la gente compre camisetas, el que hace que un niño que está recién naciendo en el fútbol se haga albo, el que hace que el hincha vaya al estadio, a pesar de la paupérrima campaña. Es el que tapiza muchas habitaciones y es al que uno mira cuando no sabemos para “dónde va la micro”.

¿Qué hacen estos señores? Por pugnas internas lo dejan partir, por minucias, por una cantidad miserable de plata para lo que mueven estos tipos, dejando a la gente sin el flotador a qué tomarnos cuando nos estamos dando cuenta que todo se hunde. Paredes era nuestro capitán (otro capitán más que se va sin querer irse) e hizo esfuerzos grandes por quedarse en una institución en la que se sentía bien, en la que era querido e idolatrado por la gente, pero tampoco podía regalarse. El que quiera asegurar su futuro es algo absolutamente comprensible. Y lo que pedía lo valía. Nos dio títulos, nos dio alegrías, triunfos, nos dio esas cosas intangibles que tiene esta actividad y que estos tipos, por lo menos los que rigen nuestro equipo, hacen como que no existiesen.

Entonces una de dos: o estos tipos no cachan nada, no saben dónde están parados o bien hay una intención manifiesta, que roza lo doloso en querer dañar a Colo Colo. No puede ser que en tan poco tiempo hayan tomado prácticamente puras malas decisiones. O quizás ambas. Personalmente creo que no tienen idea del negocio. Y ésta es la guinda de una torta que ya nos tiene tostados. Preguntaba un poco antes cuánto cuesta nuestro cariño, nuestro amor por la camiseta. Es claro que menos de cien mil dólares.

Gracias Capitán, éxito en cada aventura que emprendas. Nosotros, los colocolinos de verdad no nos vamos a olvidar nunca de tu legado. El resto, el que toma las decisiones, sigue demostrando que pueden ser abogados, empresarios o dueños de empresas, pero hay algo que es claro: colocolinos no son.