Por: Simón Sierralta

He leído su columna en la edición online de El Mercurio, y no puedo dejar de sorprenderme de la manera en que intenta desligarse de la responsabilidad propia de cada institución en cuanto a la asistencia a los partidos del torneo. Quisiera recordarle como durante los años noventa, las campañas de Colo-Colo eran seguidas por una afición bastante más constante y voluminosa, pese a que el sistema de torneos, a excepción del año 1997, era el mismo que usted ahora critica. Así mismo, quisiera hacerle notar como durante el torneo anterior a este, vale decir el Clausura 2009, la asistencia al Monumental en los encuentros previos a play-off -exceptuando los tres o cuatro primeros partidos- era relativamente similar a la que se ha visto este año.

Pareciera ser entonces que su crítica no tiene mucho asidero. Por el contrario, las problemáticas que aquejan al fútbol chileno en general y a Colo-Colo en particular, y que distinguen el momento actual del vivido en los años noventa, son bastante claras para cualquier futbolero. En primer lugar, la calidad del espectáculo ha decaído notablemente. El ritmo del fútbol chileno es lentísimo, y el nivel futbolístico no se compara, excepto notables excepciones, con el que alcanzaron los equipos de Gustavo Benítez, Mirko Jozic o, en las veredas del frente, Russo y Pellegrini. En este punto es clarísima la responsabilidad de las planas directivas de los equipos. La política que ha seguido Colo-Colo de intentar comprar jugadores de bajo precio para revenderlos al cabo de un año o un año y medio, la escasa inversión y espacio otorgado a las divisiones inferiores y la nula intención de desarrollar proyectos a largo plazo en términos deportivos e institucionale han hecho decaer el nivel del equipo de manera brutal. Baste con decir algo que usted debe saber muy bien: el último gran equipo de Colo Colo, en el año 2006, se alimentó casi exclusivamente del semillero, cuestion debida a los proyectos desarrollados por la anterior administración durante los años noventa, como es el caso de Juventud 2000. A partir de ese momento, nada. Sebastián Toro como único valor.

El otro problema, claramente, responde al valor de las entradas y a las precarias políticas de socios que ha determinado ByN. Sin mencionar el derecho a participación en las decisiones que tuvieron los socios del Club previo a la quiebra, pues se entiende con resignación que con el actual modelo nos encontramos privados de dicho beneficio, ser socio de Colo-Colo ofrece hoy escaso atractivo. Mientras Azul Azul, por ejemplo, entrega un carnet que por un valor de $40,000 aprox. permite la entrada a todos los partidos de local durante un plazo de doce meses, hoy por hoy Blanco y Negro no otorga ninguna posibilidad de este tipo para Galería. Así mismo, casi todos los clubes poseen posibilidades de mediante el pago de cierto valor anual acceder a las distintas localidades, mientras que dicho costo en el caso de Colo-Colo cuando mucho entrega un pequeño descuento. Cuento aparte es el valor concreto de la entrada, pues pagar cinco mil pesos por ver un fútbol mediocre como el que se ofrece hoy no es una oferta muy atractiva. Yo aún recuerdo como los socios de los años noventa recibían su talonario con las entradas para el semestre o el año.

En resumen, tenemos un fútbol malo y caro. Aún en la lógica empresarial que vuestra administración posee, es clarísimo que dicho modelo no es positivo en los negocios. Buen ejemplo lo entrega el partido jugado con Santiago Wanderers el año 2007. Con una entrada de galería a un valor de 1000 pesos, el estadio se repletó. Tanto así, que alguien cometió el error de sobrevender provocando el enfrentamiento con Carabineros. Pero no cabe duda de que dicho plan, bien aplicado, hubiese terminado con al menos 40.000 personas en las gradas de nuestro estadio. Haciendo simple matemática, con una entrada de, en promedio para todas las localidades, un valor de $4,000 (considero mil pesos para galería, seis mil o siete mil para océano), el estadio con 35,000 personas recaudaría 140,000,000 de pesos. Entradas con un valor promedio de, supongamos, $8,000, y una asistencia de 10,000 hinchas -que es la situación que vive el equipo hoy en el torneo nacional- recauda en cambio $80
,000,000, vale decir casi la mitad. Y esta matemática, bastante aproximativa, no considera que el grueso de la asistencia en los partidos de baja convocatoria se concentra en la galería, por lo que probablemente la recaudación sea aún menor.

En fin, no creo que nada de lo que yo he escrito le ofrezca puntos de vista que usted no conociera, pues no lo subestimo. Simplemente espero hacerle entender que los hinchas que llegamos al codo norte, Cordillera, Caupolicán, Oceano y Galvarino semana a semana -pues si, yo pago ese precio caro por ver ese fútbol malo, cada semana-, lo tenemos clarísimo, por lo cual usted no debe subestimarnos tampoco. Recuerde que somos nosotros los que llevamos ya veintiún años llenando el Monumental, y sabemos reconocer los profundos cambios que ha sufrido nuestro fútbol y nuestra querida institución. Igualmente, señalarle que no debería apuntar sus dardos hacia la ANFP o al modelo de torneo, pues la responsabilidad de la baja en la asistencia a los estadios depende más de la gestión de cada club que de éstos últimos factores, y por ello las SA que se instalaron en el medio deben tener autocrítica.