Por: Álvaro Muñoz

Colo-Colo es el equipo más popular de Chile porque tiene un rasgo especial que ningún otro equipo ha logrado desarrollar, y con esto no me refiero a su vitrina rebosante de trofeos, sino que a algo mucho más significativo: Colo-Colo, desde el momento de su nacimiento en los años ‘20, ha sabido representar al pueblo, a la clase trabajadora y más esforzada, esa que, entre otras cosas, moviliza la economía y el crecimiento de Chile. Por este motivo, el Cacique siempre ha contado con esa responsabilidad extra; esa que se relaciona con aquel dicho que habla de un té más dulce y una marraqueta más crujiente después de un triunfo del cuadro popular.

A partir de este compromiso que hemos adquirido como institución a través de la historia, se desprenden dos necesidades que hoy en día parecen haber quedado olvidadas por completo: La primera, y más urgente, es la necesidad de conquistar nuevamente el continente. Colo-Colo tiene una deuda pendiente en el ámbito internacional desde aquella vez que se alcanzó la gloria con la Copa Libertadores – que es, por lo demás, el único triunfo futbolístico con el que cuenta el deporte nacional– y ya no se puede esperar más tiempo para saldarla. Una institución con el nivel de inversión que tiene actualmente Colo-Colo no puede abocarse únicamente al campeonato nacional por una razón simple: No tiene sentido hacer contrataciones millonarias para quedar eliminados en las primeras rondas de las competiciones internacionales y luego ganar la liga Chilena “al trote” (si de los últimos 8 torneos cortos, Colo-Colo se ha quedado con 6, queda claro que el objetivo debe ser otro).

¿Cuándo fue la última vez que el Cacique luchó dignamente a nivel internacional? Aunque duela recordarlo, esa última vez fue aquella Copa Sudamericana del años 2006, que se nos escapó de las manos cuando pensábamos que igualábamos la gloria del año 1991. Es importante analizar esta derrota porque dice mucho, sobre todo en cuanto a la formación de ese plantel: Estaba constituido casi en su totalidad por valores nacionales. Precisamente de aquí se desprende la segunda necesidad con la que cuenta nuestro club y que es la de fomentar el trabajo de inferiores.

Esto, no en un inútil sentido nacionalista, sino que bajo una mirada tremendamente sencilla y evidente: La similitud entre los históricos planteles a los que me he referido, los de 1991 y 2006, es que estuvieron formados, casi en su totalidad, por jugadores nacionales. Y esto no puede ser coincidencia, mientras más jugadores criollos tenga un plantel, mayor será el compromiso de estos con representar a su país en el extranjero. La clave está ahí, por lo que debería dejarse de lado aquella práctica tan habitual de contratar “eternas promesas” foráneas, que pocas veces resultan ser lo que prometen.

En conclusión, Colo-Colo tiene la misión de pagar una deuda con la historia y, para esto, resulta clave fomentar el trabajo de la cantera alba, solo así seremos capaces de gritarle al continente que nuevamente somos los mejores. Dirigentes: La historia les entrega la pauta a seguir, ahora la responsabilidad es suya.