Sin duda que hablar de Arturo Vidal en el fútbol chileno es señal de grandeza. El mediocampista de Colo Colo se convirtió en uno de los importantes líderes en la Selección Chilena con el paso de los años. Pero ¿cómo fue cambiando el rol del volante dentro de la Roja con el transcurso del tiempo? En DaleAlbo te lo contamos.

Una de las formas interesantes de abordar el tema es mostrar que Arturo Vidal dejó de ser solamente un futbolista para convertirse en un símbolo generacional. Su función dentro de la Roja fue cambiando según las necesidades del equipo y el paso del tiempo. Es que más que una cronología de sus convocatorias se trata de explicar cómo fue evolucionando su influencia táctica y emocional.

La transformación de Arturo Vidal en la Selección Chilena

Energía y despliegue (2007 – 2010)

Cuando el futbolista debutó en la selección, este era visto como un mediocampista de enorme proyección física. Bajo la conducción de Marcelo Bielsa, su principal función era aportar intensidad, presión y recorrido. En ese momento, aún no era el líder del equipo.

De hecho, en aquel entonces, compartía camarín con referentes como Claudio Bravo, Humberto Suazo o Matías Fernández. Su papel dentro del equipo era el de un volante capaz de aparecer en ambas áreas, sacrificando protagonismo individual en favor del funcionamiento colectivo.

Arturo Vidal junto a compañeros en la selección en 2007. (Foto: Photosport)

El ‘Loco Bielsa’ encontró en él un futbolista capaz de sostener la exigencia de un sistema basado en la presión constante. En ese período con el entrenador argentino, nació el Vidal todoterreno, el jugador que podía desempeñarse prácticamente en cualquier zona del mediocampo.

El Vidal de la Generación Dorada (2011 – 2016)

Durante sus años en la Juventus de Italia fue cuando alcanzó la plenitud futbolística. El crecimiento individual tuvo un reflejo inmediato en la selección. Con Jorge Sampaoli a la cabeza de la dirección técnica dejó de ser solamente un complemento para transformarse en la pieza que equilibraría el equipo.

Recuperaba balones, rompía líneas con conducción, llegaba al área rival y aportaba con goles. En la práctica, Vidal era el corazón competitivo de la Roja. Su influencia fue determinante en la clasificación al Mundial de Brasil 2014 y, especialmente, en las conquistas de las Copas América 2015 y Centenario 2016.

Durante ese ciclo se consolidó como el emblema del carácter chileno: intensidad, agresividad deportiva y convicción absoluta. La Conmebol lo define como uno de los líderes de la generación más exitosa del fútbol chileno.

Del protagonista al conductor emocional (2017 – 2022)

Luego de las dos coronas continentales y tras el fracaso en las Eliminatorias rumbo al Mundial de Rusia 2018, el rol de Vidal comenzó a modificarse. Las exigencias físicas seguían siendo altas, pero el contexto era distinto: la Generación Dorada empezaba a envejecer y el esperado recambio no terminaba de consolidarse.

Vidal mantuvo su importancia futbolística, aunque gradualmente asumió otra responsabilidad: la de sostener la identidad competitiva del equipo. Ya no era únicamente el volante que llegaba al gol, también era la voz fuerte del camarín, el jugador que asumía públicamente las derrotas y el referente al que los más jóvenes debían observar.

El veterano que se resiste al adiós (2023 – …)

En la etapa más reciente de Vidal, este ha debido reinventarse. El despliegue físico que definió gran parte de su carrera ya no puede sostenerse durante noventa minutos con la misma frecuencia. Sin embargo, ha compensado esa pérdida con experiencia táctica y liderazgo.

Su discusión dejó de centrarse en cuánto corre y comenzó a enfocarse en cuánto ordena y cuánto transmite. Incluso, en Colo Colo ha experimentado modificaciones posicionales para prolongar su vigencia. Esa adaptación refleja también la evolución de su figura en la selección: de ejecutador a orientador. Hoy, más que representar el futuro de Chile, simboliza el vínculo con el pasado más exitoso de la Roja.