Tras la estrepitosa caída en San Carlos, sólo hemos escuchado las ya conocidas voces de Paredes, Mena y Basay. El resto del plantel sigue en silencio al igual que los dirigentes que no son capaces de hacer una autocrítica y asumir errores. Pésimas señales en un Colo Colo que se está desangrando.

Fui uno de los pocos colocolinos que estuvieron presentes en San Carlos, uno mas de esos que se ilusionó con un triunfo cuando vio al equipo salir a la cancha y correr hacia el sector norte, donde unos 150 hinchas albos que hicieron lo imposible por llegar a alentar a su equipo los aplaudían y alentaban.

Pensaba que los jugadores saldrían con mas ganas que los cientos de fanáticos que querían llegar y fueron apresados en su intento por llegar a San Carlos, creía que esa rabia y pica florecería y los jugadores se matarían en la cancha. Iluso yo.

En San Carlos fui testigo de una de las derrotas más vergonzosas que me han tocado presenciar, porque sí, se puede perder, pero corriendo, metiendo, luchando, no como se perdió en la precordillera, donde Colo Colo parecía Católica y el mote de “pecho frío”, en esta oportunidad, le caía más a los albos que a los cruzados.

Tras el partido Basay, Mena y Paredes coincidieron en nombrar la palabra “vergüenza”. ¿Y saben?, a ellos les creo lo que dicen, porque en la cancha han demostrado que les duele perder, que quieren y sienten a Colo Colo.

¿Y el resto?, ¿por qué no habla?, ¿no sienten vergüenza?, ¿les da lo mismo?, silencio otorga. Ojo, no me refiero sólo al plantel, acá todavía no escucho a Hernán Levy, presidente de la concesionaria que administra al club ni a Cristián Varela, presidente del CSD Colo Colo refiriéndose a la debacle del domingo.

En Colo Colo nadie reconoce sus errores y si eso no pasa, es imposible que se corrijan y se aprendan. Al parecer, la soberbia e indolencia de algunos, no les permite asumirlos con hombría y si eso no ocurre, lamentablemente, nada cambiará… Y que nos pillen confesados.