Colo Colo parece imbatible. Con una primera rueda de la Liga de Primera histórica y con puntaje perfecto en Copa Chile, el elenco de Fernando Ortiz parece haber encontrado una sinergia importante que lo hace volar en la cancha. El Tano, producto del trabajo y de la insistencia, logró penetrar las mentes de sus dirigidos y, tras un desastroso cierre en el 2025, pudo revertir la situación y tener a todos contentos en el camarín.

Y es que casi se le escapa. Luego de lo ocurrido el año anterior, no fueron pocos quienes pidieron su salida dentro del plantel. Además, la ruptura con Arturo Vidal parecía irremediable y todo parecía indicar que el 2026 iba en picada tras la derrota con Limache. Sin embargo, el entrenador fue lo suficientemente inteligente para poder darse cuenta de sus yerros y pudo revertir todo. Hoy, goza de un gran ambiente y todos parecen estar comprometidos con el proyecto de salir campeones a fin de año.

Esto tiene varias razones: una de ellas, la mezcla perfecta entre el trabajo metódico y la importancia de las habilidades blandas para ser cercanos a sus jugadores. El exceso de ambas por separado, suele no traer muchos frutos. Ejemplo claro de eso es lo que ocurrió con Marcelo Bielsa en el Mundial 2026. El Loco perdió el camarín de Uruguay y todo terminó en un gran fracaso con declaraciones quemantes de ambos lados. Y es que la obsesión táctica del entrenador puede ser un gatillante importante para perder a sus dirigidos.

Si el DT es un dictador táctico y no sabe comunicarse, al primer bache de malos resultados los jugadores dejarán de creer en su mensaje. Un equipo desconectado emocionalmente de su líder es un equipo que deja de correr – si no, pregúntenle a Federico Valverde -. Además, este perfil puede lograr resultados inmediatos basados en la disciplina militar y la exigencia máxima. Sin embargo, suelen ser proyectos insostenibles. A los dos o tres años, el plantel se quema mentalmente y la fricción se vuelve insoportable.

Marcelo Bielsa no logró convencer a sus jugadores en Uruguay. | Imagen: Getty.

Fernando Ortiz logró algo que parecía imposible en Colo Colo

Marcelo Bielsa, por ejemplo, ha tenido que lidiar con que sus jugadores o referentes salgan a exponerlo públicamente. Es un genio táctico, no hay duda de aquello, pero su aproximación hacia el jugador es a menudo fría, distante y estrictamente utilitaria. Casos como las críticas públicas de Agustín Canobbio (sintiendo que el DT lo responsabilizó injustamente de una derrota) o la fricción histórica con Luis Suárez, demuestran una carencia total de tacto para manejar los egos y las emociones del plantel.

Y algo parecido ocurrió con Fernando Ortiz en Colo Colo. Cuando terminaba la temporada 2025, con un Arturo Vidal relegado en la banca de suplentes y un Esteban Pavez que dejaba las citaciones, las declaraciones comenzaron a aparecer de un lado y otro. Por ejemplo, el preparador físico del King, que también trabajaba con Esteban Pavez, salió a criticar al Tano tras la derrota por 2 a 1 frente a Audax Italiano: “Cuando no se respeta al jugador tomando decisiones tribuneras y manipuladas, cuando el discurso es populista para agraciarse con los hinchas, no hay otro resultado que las manos vacías. Así fue en todos lados”, escribió en ese entonces.

Esteban Pavez, por su parte, también salió a expresar su malestar por el momento que vivía, diciendo abiertamente que le calentaba no estar convocado y que estaba muy incómodo con la situación. Además, también deslizó que el técnico tomaba decisiones para la galería y que no era convincente con el mensaje. Bueno, todo eso quedó atrás con un buen manejo de habilidades blandas mezcladas con el trabajo.

Un entrenador que prioriza la empatía, la comunicación asertiva y el bienestar humano genera un impacto profundo en la psicología del jugador. Cuando un jugador se siente valorado como persona y no solo como una herramienta táctica, desarrolla lealtad. En la jerga futbolística, el jugador se mata en la cancha por su entrenador.

Fernando Ortiz tiene a todos contentos en Colo Colo. | Imagen: Photosport.

Ortiz y el manejo de egos en Colo Colo

También hay una parte importante en lo que ocurrió en la pretemporada con la conversación que tuvieron con Arturo Vidal, el máximo referente del Cacique en el camarín y uno de los que lo pasó mal en el 2025. Ambos tuvieron una profunda conversación y acordaron limar asperezas por el bien del equipo, siendo el Tano muy inteligente a la hora de manejar a los que gozan de jineta (más que merecida) en el plantel.

En vestuarios llenos de estrellas, la táctica pasa a un segundo plano frente a la convivencia. Un DT cercano sabe cómo mantener contentos a los suplentes y cómo canalizar el ego de los titulares hacia un objetivo común. Ejemplos claros de esto son Carlo Ancelotti en sus equipos, Lionel Scaloni en Argentina o el caso de Didier Deschamps en Francia, quien recibió el apoyo de todo su plantel por el fallecimiento de su madre y logrando el hermoso abrazo con Kylian Mbappé tras uno de sus tantos a Suecia.

Aunque hay que tener ojo con la empatía exacerbada y, por momentos, es probable que le pasó la cuenta a Fernando Ortiz. Esto, porque los planteles de equipos grandes están acostumbrados a medir a sus técnicos. Cuando un entrenador entra con un enfoque excesivamente conciliador, dialogante y horizontal, el jugador sudamericano a veces confunde esa cercanía con falta de autoridad o debilidad. Al principio, a Ortiz le costó entrar al grupo porque el jugador necesita límites claros antes de sentirse cómodo.

De todas maneras, la ventaja de las habilidades blandas es que, aunque tarden en hacer efecto, cuando cuajan, el vínculo es irrompible. Ortiz perseveró en su trato humano, no transó su forma de ser y, con el tiempo, logró convencerlos junto con el trabajo metódico de la táctica y de la actitud con la que hay que salir a afrontar cada compromiso de la temporada.