En el fútbol, como en la vida, el crecimiento rara vez es una línea recta. La última semana de Felipe Raipán en Colo Colo es el reflejo perfecto de lo que significa dar los primeros pasos en el profesionalismo: un torbellino de emociones donde se toca el cielo con las manos y, casi de inmediato, el deporte te recuerda que queda mucho camino aún por recorrer.

A sus 16 años, el delantero ha vivido días que difícilmente borrará de su memoria. Primero, el júbilo de su debut con la camiseta alba en un partido oficial, y aún más en una de las competencias de mayor tradición como lo es la Copa Chile. Días después, el estallido de alegría al darle el triunfo agónico ante O’Higgins con un certero cabezazo.

Luego, la ratificación de su talento en su categoría natural, marcando un doblete en el Superclásico Sub 16 ante Universidad de Chile para meter a su equipo en la final. Todo parecía un cuento de hadas para el adolescente que dejó atrás su natal Pucón y a su familia buscando un sueño. Sin embargo, el fútbol profesional no sabe de guiones perfectos.

Su expulsión ante Unión Española, también por la Copa Chile, donde apenas pudo jugar tres minutos por una dura entrada contra Mitchell Wassenne en un intento de recuperar un balón, fue el freno abrupto a una semana idílica. Un error, una desconcentración, exceso de ímpetu, ponga el adjetivo que quiera. Pero es precisamente acá donde radica la verdadera columna vertebral de la formación de un jugador.

Felipe Raipán: Un espejo para todos quienes son formados en Colo Colo

La expulsión de Felipe Raipán no es una condena, es un rito de paso. Las oportunidades en el Primer Equipo no se ganan solo con talento, tal cual lo ha expresado Fernando Ortiz en más de una ocasión, sino con la capacidad de absorber estos golpes y transformarlos en madurez. Los referentes del equipo, sus compañeros y formadores lo entienden perfectamente, arropando al joven en el momento justo.

Son situaciones que pueden pasar, es chico, tiene que aprender muchas cosas, recién arranca, tiene una carrera muy larga por delante, no se tiene que preocupar por estas cosas. Puede pasar, obvio que a cualquiera, una roja en partidos tiene por delante 1000 partidos más, y obviamente una roja lo va a tocar. Le tocó ahora por desgracia porque venía bien, venía anotando, pero nada, son situaciones que pueden pasar en cualquier momento“, expresó Maximiliano Romero.

El joven jugador celebrando su primer gol en el primer equipo albo. Foto: Dragomir Yankovic/Photosport

Y es la perspectiva que debe primar. Una tarjeta roja a los 16 años por exceso de ganas no define una carrera; la define cómo el jugador se levanta a la mañana siguiente en el entrenamiento. El Tano ya rayó la cancha exigiendo el 100% para mantenerse en el plantel de honor, y analizó la jugada desde la óptica de la formación.

“Yo creo que fue de inocente, él no lo mira de esa manera de querer hacer algo. Había perdido una pelota anterior y la quiso recuperar… Obviamente que, si fue expulsión, no la he visto. Él tiene que aprender, pero esto es algo que día a día lo va a llevar. Aprendizaje y experiencia”, respondió a TNT Sports.

Felipe Raipán fue expulsado ante Unión Española. Foto: Photosport.

El aprendizaje es el verdadero triunfo

La historia de Felipe Raipán esta semana es el ejemplo perfecto para cualquier juvenil que sueñe con pisar la cancha del Estadio Monumental. Hay que tener la valentía para aprovechar las oportunidades, la humildad para responder en la cancha y, sobre todo, la resiliencia para no rendirse cuando se comete un error.

El oriundo de Pucón pecó de inocente, sí. Quiso recuperar un balón perdido con el hambre del que quiere comerse el mundo a los 16 años, y quién no lo vivió de esa forma en su adolescencia. Hoy le toca masticar la frustración de la tarjeta roja, pero si mantiene el sacrificio que lo trajo desde el sur de Chile hasta Macul, y sigue escuchando a los que tienen más recorrido, tendrá mil partidos más para seguir escribiendo su historia.

Rocky Balboa, interpretado por Sylvester Stallone, define en una frase lo que el joven valor albo vivió esta semana: “No se trata de lo fuerte que golpeas, sino de lo fuerte que pueden golpearte y seguir avanzando. Cuánto puedes resistir mientras avanzas; ¡así es como se gana!” dijo en una de las secuelas estrenadas en 2006, precisamente a su hijo. El fútbol, al igual que en la vida, no premia a los que nunca se equivocan, sino a los que se levantan rápido tras la caída. El pitazo inicial de su revancha está a la vuelta de la esquina.