La conformación del plantel de Colo Colo en este mercado de pases ha traído muchos dolores de cabeza. Por la nefasta campaña de la temporada 2020, era evidente que el Cacique necesitaba reforzar muchas zonas claves para pensar en objetivos más ambiciosos como pelear el título y volver a Copa Libertadores.

Gustavo Quinteros no está conforme y ha reiterado su molestia por la demora en la llegada de nuevos nombres, especialmente por el defensa central tras la caída de Fabricio Formiliano y el nueve. Sostuvo que no se puede hacer responsable de los resultados si no le completan el equipo.

Sus constantes reclamos públicos han generado molestia en parte del directorio de Blanco y Negro, quienes sienten que le trajeron nombres importantes con los que le puede cambiar la cara al equipo. Todo esto suma un nuevo problema, ya que se ha agudizado el quiebre que DaleAlbo anunció hace semanas entre el DT y Harold Mayne-Nicholls.

Ambos sencillamente no se dirigen la palabra, ya que el estratega está muy molesto por la forma en que el ex timonel de la ANFP ha llevado las negociaciones por refuerzos, donde no llegaron jugadores que pidió expresamente por su lento avance, ofertas bajas o falta de contactos. Sin embargo, esta historia de desencuentros comenzó una vez que el Cacique se salvó del descenso.

Desde la dirigencia, donde Mayne-Nicholls tomó un rol preponderante en la conformación del plantel, se buscaba apostar por nombres jóvenes y dar salida a los referentes. Consumada la poda, Quinteros pidió públicamente la continuidad de Julio Barroso, de gran cierre de campaña, y desde la concesionaria se apresuraron en cerrarle la posibilidad.

Esto generó el primer desencuentro evidente entre ambas partes y de allí nace el pedido del santafesino por un nuevo central, el cual sigue sin llegar. Se intentó por Thomas Galdames, pero los albos no podían pagar lo que pedía Unión Española y después solicitó la contratación de Branco Ampuero, por quién jamás presentaron una oferta concreta y esto molestó al DT.

También está la llegada de Felipe Fritz, un jugador impuesto por Mayne-Nicholls y Mosa como una oportunidad de negocios, pero que jamás fue pedido por Quinteros. El fichaje del ex puntero de Unión Española dejó una sobrepoblación de extremos, tapó a juveniles y ni siquiera ha sido considerado en las citaciones.

Desde allí, el técnico se puso firme y no iba aceptar cualquier imposición. Le acercaron varios nombres interesantes como Cristián Palacios, Byron Bustamente, entre otros, pero Quinteros les bajó el pulgar. Sus necesidades eran otras, sobre todo en la búsqueda del 9, ya que quería uno de características más potentes que de movilidad. Por eso buscó a Waterman y a Octavio Rivero, con quienes fue imposible lograr un acuerdo por la mala situación económica del club, ya que significaban un alto desembolso en el pase o el contrato.

Ante la dificultad de amarrar un atacante, le plantearon darle otra oportunidad a Nicolás Blandi, pero el estratega ha insistido públicamente que no cuenta con él, generando otro desencuentro. A eso se suma que sienten que hay valores de sobra en las series menores para cubrir la defensa como Jeyson Rojas, Bruno Gutiérrez o Daniel Gutiérrez, pero el cuerpo técnico sigue insistiendo en la contratación del central.

 

Esta falta de acuerdos terminó en el gallito que hoy protagonizan Gustavo Quinteros con Harold Mayne-Nicholls y las comunicaciones están cortadas, por lo que ahora el DT se relaciona directamente con Daniel Morón. Lo complicado, es que es una nueva señal de falta de unión en Colo Colo, pocas semanas después de haber jugado el descenso.

Habrá que ver cómo termina esta disputa. De momento, el técnico tiene ofertas del Medio Oriente, pero no piensa abandonar el Monumental. En la otra vereda, la situación de prácticamente todo el directorio de Blanco y Negro está condicionada a lo que suceda en la próxima junta de accionistas, donde varios pueden salir, incluidos Aníbal Mosa y Harold Mayne-Nicholls.